20 febrero 2016

En el año 1917 el «UB 23» buscó refugio en A Coruña intentando escapar de las patrulleras inglesas


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El vigía de Monte Alto fue el primero en avistarlo. Navegaba directamente hacia la rada del puerto de A Coruña. Avanzaba semisumergido y su silueta sobresalía ligeramente sobre las aguas. Se distinguía su torrecilla y a popa arbolaba la bandera de guerra alemana. Rápidamente dio aviso: había identificado un submarino. Eran las seis y media de la tarde del 29 de julio de 1917.
El asesinato en Sarajevo del heredero al trono del imperio Austro-húngaro fue la chispa que en el verano del año 1914 provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial. En el frente occidental el conflicto enfrentó a Alemania contra Francia e Inglaterra. España se declaró neutral en este conflicto pero sufrió las consecuencias de una nueva modalidad de combate que se desarrolló en las aguas del océano Atlántico. Desde de febrero de 1915 los alemanes decidieron atacar con sus submarinos a los barcos que se dirigiesen a los puertos franceses e ingleses.
Dos años después, a partir del 1 de febrero de 1917 incrementaron sus ataques, sin previo aviso, a todo buque mercante que navegase por las aguas alrededor de las islas Británicas, las Azores, las Canarias y el mar Mediterráneo. Fruto de su intensa actividad, numerosos navíos fueron hundidos frente a las costas de Galicia.
La noticia de que estaba entrando un submarino en el puerto se extendió rápidamente por la ciudad. Ese día era domingo y había gran cantidad de gente paseando por los Cantones y en los jardines de Méndez Núñez. Todos corrieron hacia los muelles para observar la escena. También se acercaron los reporteros de la prensa local que después contarían la noticia. Pudieron ver como doblando el castillo de San Antón aparecía el sumergible. Poco después maniobraba para quedar acoderado al costado del vapor alemán Belgrano que estaba inmovilizado en la bahía desde el comienzo de la guerra. Ambas tripulaciones se saludaron y colaboraron en el amarre.
Impelidos por la curiosidad, muchos botes y lanchas abarrotados de gente salieron desde los muelles para ver de cerca el submarino. Cuando llegaron a su costado observaron que se trataba del UB 23, de unos 40 metros de largo y unas 250 toneladas. Tenía una tripulación de 23 hombres jóvenes al mando del comandante Niemer. Estaba pintado de blanco plomizo en su parte alta y de negro por debajo de la línea de flotación.
No era de los más modernos y hoy sabemos que inició sus operaciones en marzo de 1916 formando parte de la flotilla de Flandes y que durante su vida operativa hundió 51 barcos en 21 misiones en las costas inglesas. La causa de su entrada en A Coruña era una avería en las máquinas que le impedía sumergirse y que fue provocada por una carga de profundidad lanzada por una patrullera británica en la costa de Cornualles.

La Voz de Galicia

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